
Jesús María Nasario Silva /
Del árbitro de fútbol, al hoy abogado
Los caminos del esfuerzo no tienen edad y en este caso es parte de una historia de vida con distintos momentos, para aquellos que siempre salieron a tratar de salir adelante con el fruto de su trabajo, sin importar los horario o el sacrificio que se tiene que hacer. La historia de Jesús María Nasario Silva, que un día lo invitaron a ser árbitro de fútbol, para lo que se preparó y ya con algunas canas en su cabeza, retomó los estudios, para ser hoy un abogado. Pero en el recorrido de la charla que mantuvimos en el Striming de LA PRENSA, conocimos parte de su historia, con las madrugadas en la panadería Pampán, el ferrocarril, la Parada Daymán, en el Poder Judicial y por suepuesto el arbitraje en la Liga Salteña de Fútbol, un recorrido de vida marcado por el trabajo, la pasión y la familia.
OLOR A PAN CALIENTE
En la ciudad de Salto, a fines de los años setenta, un joven Jesús María Nasario Silva comenzaba a forjar su camino en un oficio que, aunque no sería su destino final, dejó huella en su vida: la panadería. Su primer empleo serio fue en la recordada Pampán, ubicada en la calle Varela. Durante ocho años amasó no solo pan y galletas malteadas —que, según él, “no tenían rival”—, sino también valores como la disciplina y la constancia.
Las jornadas eran largas y cambiaban con el tiempo: en verano, pesadas por el calor de los hornos; en invierno, más llevaderas gracias al mismo fuego que en verano sofocaba.
EL FERROCARRIL
El 17 de julio de 1981, la vida le dio un giro inesperado. A través de un contacto, ingresó a trabajar en AFE (Administración de Ferrocarriles del Estado). Comenzó en la estación de Salto y luego fue trasladado a Parada Daymán. Allí aprendió el manejo de las comunicaciones ferroviarias, desde teléfonos especiales hasta la coordinación de cruces de trenes cargueros.
Nasario recuerda con afecto las estaciones que conoció y las personas que encontró en el camino: Itapebí, Palomas, Termas del Arapey, Parada Santana… Cada lugar dejó una anécdota. También vivió episodios menos agradables, como descarrilamientos, pero que formaron su experiencia. Permaneció en AFE hasta diciembre de 1991, cuando firmó su excedencia tras la reducción de la actividad ferroviaria.
AL JUZGADO
Tras dejar el ferrocarril, Nasario volvió temporalmente a la Pampán. Pero a fines de 1992 recibió una propuesta del “Chiquito” Sequeira, quien era parte del arbitraje en la Liga también, que marcaría el resto de su vida laboral: trabajar en Aduana o en el Poder Judicial. Consultó con su padre, quien lo animó a optar por el segundo. En abril de 1993, después de una prueba de mecanografía y dictado, ingresó como funcionario judicial.
Durante 28 años sirvió en el Poder Judicial, hasta su jubilación en 2020. Sin embargo, su vínculo con el ámbito legal no terminó ahí: la experiencia y la cercanía con la ley despertaron en él la inquietud de estudiar Derecho.
LA PASIÓN POR EL ARBITRAJE
Paralelamente a sus trabajos en la panadería y el ferrocarril, Nasario desarrolló otra faceta: la de árbitro de fútbol. Comenzó en 1977 y dirigió hasta 2003, acumulando 26 años de experiencia. Arbitró en la Liga Salteña y, desde 1991, también en torneos de la Organización del Fútbol del Interior (OFI), recorriendo gran parte del país como árbitro central y asistente.
Su carácter firme y el respeto que inspiraba en los jugadores lo ayudaron a mantener la autoridad en la cancha. Entre anécdotas memorables, recuerda finales decididas por interminables tandas de penales y viajes a casi todos los departamentos, salvo unos pocos en el este del país.
RETORNO A LOS ESTUDIOS
La crisis económica de 2002 lo obligó a replantearse su economía familiar. En ese contexto, una conversación casual despertó en él la idea de retomar el bachillerato, que había dejado inconcluso en su juventud. En 2002 cursó quinto año, en 2003 sexto, y en 2004 ingresó a la Facultad de Derecho.
Años después, logró recibirse de abogado. Hoy ejerce su profesión, aunque mantiene la humildad de siempre: “El doctor, solo para los juzgados o donde hay que presentar escritos. Después soy el mismo de siempre”.
EL FÚTBOL FUERA DE LA CANCHA
Tras dejar el arbitraje, Nasario siguió vinculado al fútbol local como integrante de tribunales de la Liga Salteña. Ha formado parte tanto del Tribunal de Árbitros como del Tribunal de Penas, siempre buscando aplicar con justicia el Código de Penas de OFI.
Su experiencia como árbitro y su formación legal lo convierten en una figura respetada para resolver conflictos disciplinarios. Aunque admite que a veces hay fallos que generan descontento, asegura que su trabajo se basa siempre en el reglamento y en una interpretación fiel de los hechos.
EL MOTOR DE TODO
En cada etapa de su relato, Nasario menciona a su familia: sus padres, su esposa, sus hijos. Reconoce que muchas de sus decisiones y esfuerzos han sido por ellos. En 2024 sufrió la pérdida de su esposa, un golpe que marcó profundamente su vida. Sin embargo, sigue adelante, aferrado al recuerdo y a los proyectos que todavía quiere cumplir.
Uno de ellos es viajar. No necesariamente lejos, pero sí recorrer y disfrutar nuevos lugares.
EJEMPLO DE PERSEVERANCIA
La historia de Jesús María Nasario Silva es la de alguien que nunca se conformó con lo que tenía, sino que siempre buscó aprender, trabajar y superarse. Panadero, ferroviario, boletero de remates, árbitro, funcionario judicial y abogado: cada rol sumó algo a su identidad.
En un tiempo en el que muchas trayectorias laborales son lineales, su vida demuestra que la reinvención personal es posible en cualquier momento, y que el esfuerzo constante, sumado al amor por lo que se hace, puede llevar muy lejos.
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