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En el año 2016, siendo Edil opositora, viví los momentos más tristes y de impotencia. Aldeas de la Bondad, una ONG que era gestionada por la Fundación IMCOS desde 1986 rescindía el contrato con INAU. El proceso fue muy polémico llegando a dimensiones locales y nacionales culminando además con el fallecimiento de varios internos con discapacidades severas. A ellos los conocíamos, los visitamos y, como uno es de esta manera, me involucré.

Se decía que el edificio tenía fallas y que la asistencia a los internos era de mala calidad, se decían muchas cosas. Al finalizar el convenio estatal entre INAU y la fundación se desvincularon del organismo que era el que subsidiaba la mayoría de los internos. Comenzaron entonces a cruzarse culpas y denuncias, entre INAU, IMCOS, MIDES, ASE, MSP, Gobierno Nacional, Gobierno Departamental. En el medio quedaron expuestos los 47 internos de la ciudad de Paysandú y 58 internos de Salto más 100 funcionarios que se quedaban sin trabajo.

También acompañamos la lucha de los funcionarios personalmente, mientras conocíamos a unos y otros, sobre todo a aquellos internos que hacía muchos años vivían y crecieron allí y que se vinculaban con algún funcionario en especial para alimentarse o asearse y no aceptaban otras personas para su cuidado. situaciones todas tan delicadas.

Y estuvimos el día nefasto en que las autoridades les dijeron a los internos que los iban a "sacar a pasear" en camionetas. Los que entendían lo que era un paseo vivieron con ilusión el momento, sin saber que para algunos de ellos iba a ser su último paseo. Se ponían de espalda a nosotros para que no viéramos lo inevitable, cómo subían a discapacitados amontonados en una camioneta entre 4 personas, igual estuvimos, registramos con fotografías y videos el trágico momento. Ese paseo, ese viaje sin regreso nos conmueve hasta hoy.

Quisieron ubicar a los discapacitados en hogares de Montevideo y Canelones. Y en el primer traslado masivo (paseo) por vía aérea fallecieron dos internos y pocos días después 2 internos más, todos por complicaciones médicas y paros cardiorespiratorios debido a la vulnerabilidad de su salud ante un cambio tan brusco de ambiente. Agregamos a estas muertes, 3 denuncias de acoso sexual a mujeres internas discapacitadas.

Era cierto que la Fundación cada vez recibía menos apoyo económico, que las instalaciones tenían problemas, no eran las adecuadas, pero también es cierto que sólo faltó voluntad para acondicionar el edificio con aquel entorno natural inigualable. Faltó voluntad política del Gobierno del Frente Amplio, del ex Presidente Tabaré Vázquez, del ex Intendente Andrés Lima, de la Ministra Arismendi. Con la voluntad necesaria, todo se podía subsanar, el local, la atención, el trabajo de 100 funcionarios y no hubieran sido necesarios los traslados violentos que llevaron a internos a una muerte indigna.

En nada quedó la convocatoria a la Comisión de DDHH de diputados al Parlamento para dar explicaciones. Los internos vivos, maltrechos, fueron reubicados en Canelones algunos y otros, menores de edad, en diferentes casas urbanas de Salto.  Lo vimos venir al desenlace. Avisamos que los internos con discapacidades severas, enfermedades incurables, tratamientos especiales no iban a resistir este traslado violento e inhumano. En los medios de Comunicación, en la Junta Departamental, donde pudimos, avisamos que esos 58 internos habían crecido y se habían criado como hermanos algunos, eran familia en todo su significado ya que la mayoría ni visitas de sus familiares recibían.

Quedaron entonces 100 trabajadores en seguro de paro, eran 58 internos en Salto de diferentes edades, algunos con varias décadas, les decían "los siempre niños" por sus discapacidades. Pensar que en el año 2014 fue la última ocasión en que fueron visitados por un médico especialista en Salud mental.

Se los llevaron para tener una "mejor calidad de vida", los desprendieron de sus raíces, agravando algunos sus discapacidades y otros murieron. No sirve buscar culpables pero interpelo desde el familiar que tiró allí un discapacitado severo y no fue nunca más a verlo, hasta las autoridades insensibles, desde un funcionario que abusaba sexualmete de internas. Y debo aclarar que la mayoría de funcionarios eran muy buenos, y comprometidos con una causa tan delicada, hacían su trabajo y nos dejaban visitar los chicos, entre babas, quejidos, gritos, llantos, pañales, sillas de ruedas, camas especiales, cunas y lugares de juego con internos deseosos de un abrazo y un mimo. Uno se nos prendió a la pierna fuertemente, un funcionario me lo arrebató inmediatamente por temor a que me lastime. Lo único que quería era un abrazo y un beso. luego que lo abracé fuerte y lo besé, se tranquilizó totalmente. Sólo eso quería.

Acompañamos movilizaciones tanto para el reintegro de funcionarios como para reclamar justicia por los traslados violentos y las muertes.
Hoy, a 10 años recordamos que ni Paysandú ni Salto ni Uruguay tuvieron autoridades a la altura de las circunstancias.  Nuestro recuerdo es para los fallecidos Ivonne, Tamara, Blanca y Ricardo a quién llegué a abrazar y besar. Tras el violento traslado caprichoso estos nombres y otros nombres se encuentran en una pequeña parcela de tierra a modo de altar donde figuran chicos que fallecían, un estilo de Cementerio no regulado.  No olvido ni Perdono esta acción.

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