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En medio de una creciente reconfiguración geopolítica global, la relación entre China y Brasil está recibiendo un nuevo impulso que trasciende los tradicionales vínculos comerciales y políticos, y plantea un desafío implícito a la política exterior de Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump. La reciente conversación telefónica entre el presidente chino Xi Jinping y el mandatario brasileño Luiz Inácio Lula da Silva puso de manifiesto una alianza más ambiciosa, centrada en la cooperación estratégica, el resguardo del multilateralismo y la defensa de un orden internacional con mayor protagonismo del Sur Global.

En el contexto de decisiones controvertidas por parte de Estados Unidos —como el ataque en Venezuela, el lanzamiento de un Consejo de Paz propio y tensiones con aliados tradicionales— China ha intensificado sus gestos diplomáticos hacia países que han sido, históricamente, socios privilegiados de Washington. 

Brasil, la mayor economía de América Latina, se ha destacado como uno de esos interlocutores clave. La conversación de este 23 de enero entre Xi y Lula no fue una mera formalidad protocolar, sino un mensaje político de peso. Xi instó a Brasil y China a mantenerse “del lado correcto de la historia” y a trabajar juntos para defender el papel central de las Naciones Unidas, así como la equidad y justicia internacionales en un momento que describió como de “turbulencia” global. Asimismo, aseguró que ambos países pueden actuar como fuerzas constructivas para mantener la paz y estabilidad en el mundo, una postura que, pese a su retórica diplomática moderada, cobra significado geopolítico en contraste con iniciativas estadounidenses que, según críticos, podrían fragmentar el sistema multilateral.

Lula por relación bilateral

Lula, por su parte, reforzó el compromiso de Brasil con el fortalecimiento de la relación bilateral y la defensa del multilateralismo, el derecho internacional y el libre comercio, destacando la estrecha cooperación desde la visita de Xi a Brasil a fines de 2024. El presidente brasileño subrayó además la importancia de consolidar la autoridad de la ONU como vía para promover la paz y la estabilidad mundial.

Este acercamiento se da en un período de intensificación de contactos diplomáticos y esfuerzos multilaterales. China y Brasil, ambos miembros fundadores del grupo BRICS, han venido elevando progresivamente su cooperación en distintos ámbitos, desde comercio e infraestructura hasta debates sobre gobernanza global y mecanismos alternativos de diálogo internacional.

Para analistas internacionales, este tipo de intercambios no solo fortalece la relación estratégica entre Beijing y Brasilia, sino que también señala una mayor autonomía de Brasil en su política exterior, desvinculándose de las expectativas tradicionalmente establecidas por Washington y explorando alianzas que permitan diversificar su influencia global. Esta tendencia se ve reforzada por la retórica de Xi sobre la construcción de una “comunidad con un futuro compartido” para un mundo más justo y sostenible, concepto que ha sido repetido en varias declaraciones oficiales.

En suma, el diálogo entre China y Brasil: representa un movimiento estratégico en un tablero internacional que vive una acelerada recomposición de roles y alianzas, poniendo en evidencia la búsqueda de alternativas al liderazgo occidental tradicional y proyectando un posible nuevo equilibrio de poder global.

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