La Prensa Hacemos periodismo desde 1888

Mañana se celebra el Día del Trabajador y es una fecha a celebrar y festejar, porque el trabajo no solo dignifica, nos permite ganar dinero y vivir. También es salud, un aspecto que muchas veces no tenemos en cuenta ni valoramos. Más en estos tiempos, difíciles, donde la revolución tecnológica, nos obliga a reconvertimos y aprender a manejar sistemas, maquinas computarizadas y automáticas, con la sombra de los robots que en muchas tareas, están suplantando al ser humano.

En un país donde la discusión sobre la seguridad social sigue siendo uno de los ejes más sensibles del debate público, sorprende —y preocupa— la intención de crear un nuevo organismo estatal para gestionar las afiliaciones al sistema de las AFAP. La pregunta es tan simple como incómoda: ¿para qué? Uruguay ya cuenta con una arquitectura institucional robusta en materia previsional. El Banco de Previsión Social (BPS), las propias AFAP y los organismos de contralor cumplen funciones definidas, con mayor o menor eficiencia, pero con experiencia acumulada durante más de tres décadas. 

En ese contexto, la propuesta de sumar una nueva estructura estatal parece, en principio, redundante. Y cuando el Estado duplica funciones, rara vez mejora resultados: suele aumentar costos, complejizar procesos y diluir responsabilidades.

Pero además, el debate no puede darse en abstracto, desconociendo la magnitud del sistema que se pretende intervenir. Según datos del Banco Central del Uruguay, al cierre del último año los fondos administrados por las AFAP ascendían a más de un billón de pesos ($1.049.405 millones), con un crecimiento sostenido. No se trata de cifras marginales: es uno de los principales pilares de ahorro interno del país.

Una parte sustantiva de esos recursos es gestionada por República AFAP, integrada mayoritariamente por organismos estatales como el Banco República, el Banco de Seguros y el propio BPS. Es decir, el Estado no es un actor ajeno ni pasivo dentro del sistema: ya participa directamente en su funcionamiento y en los resultados de su gestión. Esto vuelve aún más difícil justificar la necesidad de crear un nuevo organismo “por encima” de una estructura en la que el propio sector público ya tiene un rol central.

A su vez, el destino de los fondos muestra otra dimensión clave. La mayor parte de las inversiones de las AFAP se canaliza hacia instrumentos emitidos por el propio Estado —títulos de deuda e instrumentos de regulación monetaria—, lo que constituye una fuente relevante de financiamiento. Pero además, cerca de un 15% se orienta hacia valores emitidos por empresas privadas, contribuyendo al desarrollo productivo, la generación de empleo y la dinamización de la economía.

Este esquema no solo ha permitido preservar el ahorro de los trabajadores, sino también incrementarlo de forma significativa. Se estima que entre un 40% y un 50% del total acumulado proviene de la rentabilidad generada por las inversiones. Dicho de otro modo: sin la gestión activa de las AFAP, el fondo sería hoy sustancialmente menor, con menos capacidad de sostener futuras jubilaciones.

Por supuesto, esto no implica desconocer que el sistema tiene desafíos ni que existen situaciones desiguales en los resultados individuales. Como en toda lógica de ahorro e inversión, quienes más aportan tienden a acumular más. Pero esa realidad no invalida el aporte estructural del régimen al conjunto de la economía.

En este contexto, cuesta entender cómo una nueva institución estatal podría mejorar la eficiencia del sistema. Más bien, lo esperable es lo contrario: mayores costos administrativos, más burocracia y, en definitiva, una carga adicional que terminaría siendo financiada por los propios trabajadores.

Si el objetivo es corregir desvíos o mejorar la transparencia, el camino lógico debería ser fortalecer los controles existentes y optimizar la regulación, no crear nuevas estructuras. Porque cuando se trata de administrar el ahorro previsional de toda una sociedad, la prudencia no es una opción: es una obligación.

"Un centro de alta presión con aire frío se desplaza desde el Pacífico Sur hacia Chile y la Patagonia entre el viernes y el sábado, mientras que un intenso ciclón extratropical en el Atlántico Sur empuja este aire frío hacia el norte a través de Argentina”

Lo dijo el 30/04/2026

Hay cosas que pasan sin que nadie las decida y, sin embargo, terminan cambiando cómo vivimos la ciudad. En Salto eso ya ocurrió con los monopatines y las bicicletas eléctricas. No fue una política pública, no fue una campaña, fue más simple. La gente empezó a usarlos porque sirven. Y está bien. Yo también uso uno, soy pro-monopatín y anti-anti monopatín.

En el marco de conmemoración del 160 aniversario de Enriqueta Compte y Riqué, el Consejo de Formación en Educación, que rige los destinos de la Formación Docente en el Uruguay, propone planificar distintas instancias en Centros e Institutos del país con diferentes propuestas que recuperen su pensamiento y accionar. La ANEP (por Circular N.º 52/2025) ha declarado el 2026 “Año Enriqueta Compte y Riqué”, en homenaje a la fundadora del primer jardín de infantes público del Uruguay y de América Latina. Indudablemente estamos hablando de una cabeza iluminada, de una mujer fuera de serie.

La obra de Enriqueta Compte y Riqué ha estado enmarcada en una gran labor social para su época y con influencia hasta la actualidad, dado que fue una figura central en la renovación educativa del Uruguay a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Como impulsora de la Educación

Inicial, promovió el acceso de la Primera Infancia a espacios pedagógicos de calidad, con énfasis en el desarrollo integral. Su labor
social se destacó por integrar a niños de sectores vulnerables al sistema educativo, favoreciendo la igualdad de oportunidades. Introdujo
en el país el modelo de Jardín de Infantes inspirado en las ideas de Friedrich Fröbel. De este modo, contribuyó a consolidar una educación
más inclusiva y con fuerte compromiso social.

En el CFE, el maestro y profesor Julio Arredondo está encargado de dirigir una Comisión que llevará adelante encuentros a nivel nacional y desarrollar diferentes actividades vinculadas a esta conmemoración.

Enriqueta Compte y Riqué (Barcelona, 31 de diciembre de 1866 – Montevideo, 18 de octubre de 1949) fue una maestra uruguaya nacida en España, fundadora del primer jardín de infantes de Uruguay en 1892 y famosa por haber contribuido de forma decisiva a la enseñanza preescolar en Uruguay y Latinoamérica.

Hija de padres catalanes, Enriqueta Compte y Riqué emigra al Uruguay con su familia en 1873, cuando era todavía una niña. A pesar de su miopía, Compte se dedica a estudiar magisterio graduándose con solo diecinueve años como maestra de primer grado y a los veinte años como maestra superior. En 1887 fue designada subdirectora del Instituto Normal de Señoritas, y durante ese mismo año viaja a Europa en misión oficial, enviada por el gobierno de Máximo Tajes, para especializarse en educación preescolar. Tenía encomendado interiorizarse de las enseñanzas de Friedrich Fröbel, creador del concepto de los jardines de infancia, motivo por el cual recorrió Bélgica, Alemania, Holanda, Francia y Suiza. Regresa de este viaje en septiembre de 1890. A su regreso, implantó el primer jardín de infancia en su país, por lo cual redactó un informe en el que expresó "la esperanza de realizar en la República, la creación de esos establecimientos, acercándose lo más posible al ideal de Fröbel, e incorporándolos a la organización pública de Instrucción Primaria."

Realizó numerosas publicaciones en revistas y libros especializados en niños de entre 3 y 6 años de edad. Con métodos psicológicos y pedagógicos, su trabajo se inclinó a estudiar a los niños respetando su individualidad y capacidad personal de aprendizaje.

También se integró a varias asociaciones que tenían por objetivo reivindicar los derechos de la mujer, la lucha contra la tubercolosis, como la Liga Uruguaya contra la Tuberculosis, y contra el alcoholismo y la trata de personas.

Fue precursora de la enseñanza laica, basada en las igualdades sociales y la superación de prejuicios y obstáculos que, a su criterio, eran perjudiciales para el alumno, pero sobre todo, para el niño como ser humano que no merece quedar marcado por un mundo lleno de disparidades de metas y posibilidades.

Su gran principio moral como educadora se puso de manifiesto cuando expresó: Murió en Montevideo en 18 de octubre de 1949, a la edad de 82 años.

Al fundarse el Jardín de Infantes de Montevideo, se puede decir, que este no fue igual a los que sirvieron de modelo en lo observado por Enriqueta en Europa, aunque algunas cosas se mantuvieron. Inspirada en el pensamiento de José Pedro Varela, fue a la postre precursora de la actual política de educación preescolar obligatoria. Sirvió además de inspiración a maestros preescolares de varios países, incluyendo Argentina, China, Japón y Rusia.

 






Ranking
Recibirás en tu correo electrónico las noticias más destacadas de cada día.

Podría Interesarte