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Hay historias que no llegan solas a la agenda pública. No aparecen en conferencias ni en comunicados oficiales. Circulan en voz baja, en charlas de pasillo, en relatos que se repiten entre quienes viven una misma realidad. Esta es una de ellas. Y no nace de un informe ni de un expediente: nace de los propios choferes de ambulancia, que fueron quienes hicieron saber una situación incómoda y preocupante. Son ellos los que cuentan lo que pasa en la ruta y en la ciudad cuando una ambulancia sale con un paciente en estado delicado. Especialmente el chofer que hace ruta a grandes distancias, que debe retirar pacientes en distintas ciudades y trasladarlos muchas veces hasta la capital o centros de atención más complejos. No se trata de un recorrido más. Son kilómetros de responsabilidad, de tensión acumulada y de decisiones que no admiten demora. En ese escenario, la teoría y la práctica no siempre van de la mano.

Martes de la semana  pasada. Son las 19:23. Un niño, de aproximadamente ocho años, circula por la Avenida Julio Delgado de norte a sur, pasó calle Guaraní y va, por decir una señalización, rumbo a la Plaza Flores, en un monopatín eléctrico sin casco, sin chaleco refractario, sin nada, pero encima por la corriente contraria, la corriente Este, lo que obliga a los autos que van correctamente rumbo al norte a zafarlo como pueden.

Suele afirmarse que el presupuesto es una herramienta de planificación hacia el futuro. El instrumento mediante el cual un gobierno proyecta su programa de gestión, fija prioridades y establece el marco financiero para el desarrollo de políticas públicas. Sin embargo, el reciente tratamiento del presupuesto dejó en evidencia algo más profundo. Lejos de ser únicamente un mapa del porvenir, el presupuesto también funciona como un espejo del pasado y un diagnóstico del presente. Y lo que ese espejo nos devolvió durante su discusión, dista mucho de ser una imagen alentadora.

La arremetida del gobernador entrerriano Rogelio Frigerio contra el proyecto de hidrógeno verde en Paysandú no sólo revive tensiones del pasado: también deja al descubierto una preocupante incoherencia en el uso del argumento ambiental. Se insiste, una vez más, con el paralelismo fácil con UPM, como si el tiempo no hubiera pasado y como si la evidencia acumulada no existiera. Sin embargo, los informes de la Comisión Administradora del Río Uruguay han sido claros y reiterados: el mayor aporte a la contaminación del río no proviene de la planta instalada en Fray Bentos, sino de la cuenca industrial de Gualeguaychú.

“Toda mi vida he estado oyendo hablar de Cuba y Estados Unidos. ¿Cuándo iba Estados Unidos a hacerlo? Creo que tendré... el honor de tomar Cuba. Ya sea liberarla, tomarla -creo que podré hacer lo que quiera con ella, a decir verdad-. Son una nación muy debilitada en este momento”.

Lo dijo el 17.03.2026

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