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La reciente incautación en la provincia argentina de Salta, de dos camiones con matrícula boliviana cargados con 35 toneladas de precursores químicos destinados al refinamiento de cocaína, provenientes de Fray Bentos, sacude de forma alarmante la percepción que nuestro país tiene de sí mismo. Ya no se trata solo de una ruta de tránsito. Este episodio instala, con crudeza, la sospecha de que Uruguay ha comenzado a desempeñar un rol más profundo, más comprometido y, por tanto, más peligroso dentro del engranaje del narcotráfico regional.

Hay una idea instalada, casi intuitiva, que para despedir a alguien en Uruguay tiene que haber una razón, y que si no la hay, el despido es ilegítimo. Sin embargo, cuando uno se aparta un poco de esa intuición y mira cómo funciona el sistema en términos jurídicos, la respuesta no es esa. En la gran mayoría de los casos, una relación laboral en el sector privado puede terminar unilateralmente sin necesidad de invocar una causa específica, y eso, por sí solo, no vulnera ninguna norma. Dicho así suena duro, pero también es incompleto si no se agrega la otra mitad de la ecuación: esa decisión no es gratis.

Alberto Benegas Lynch es uno de los más respetados intelectual liberales de la actualidad. Hace un tiempo dio una nota con conceptos muy interesantes en el diario La Nación. Hay cosas que merecen ser releídas.

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